jueves, 7 de julio de 2016

Ajedrez

Porque éramos amigos y a ratos, nos
amábamos;
quizá para añadir otro interés
a los muchos que ya nos obligaban
decidimos jugar juegos de inteligencia.


Pusimos un tablero enfrente
equitativo en piezas, en valores,
en posibilidad de movimientos.

Aprendimos las reglas, les juramos respeto
y empezó la partida.


Henos aquí hace un siglo, sentados,

meditando encarnizadamente

como dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable y, para siempre, al otro.

-Rosario Castellanos


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